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XVI. Una broma florentina

La contadina, con energía repentina, arrancó el lienzo que la envolvía, y de allí salió forcejeando —arañando, gesticulando y chillando— lo que el médico, en su susto, creyó firmemente que era un demonio, pero que Tito reconoció como el mono de Vaiano, hecho más temible por una negrura artificial, tal como la que podría haber dejado una rápida frotada por la chimenea.

Se levantó de un salto el desafortunado doctor, dejando caer su botiquín, y de un brinco huyó el no menos aterrorizado e indignado mono, encontrando el primer punto de apoyo para sus garras en la crin del caballo, de la que se sirvió a guisa de escala de cuerda hasta haber encontrado por fin su equilibrio, momento en el que continuó aferrándose a ella como a unas riendas. El caballo no necesitaba espuelas con semejante jinete y, al no ofrecer resistencia la brida ya suelta, salió disparado a toda carrera por la plaza, con el mono, aferrado, haciendo muecas y parpadeando, sobre su cuello.

«¡El caballo! ¡El Diablo!» gritaban ahora por todas partes los bribones ociosos que acudían de todos los rincones de la plaza, y hacían eco con tonos de alarma los tenderos, cuyos intereses creados parecían correr cierto peligro; mientras el médico, fuera de sí por el terror confinado ante el Diablo, la posible lapidación y la huida de su caballo, echó a correr con las gafas en la nariz, la cara enjabonada y la capa de afeitar al cuello, gritando: —¡Detenedlo! ¡Detenedlo! ¡Por unos polvos, un florín, detenedlo por un florín!, al tiempo que los muchachos, adelantándosele, aplaudían y vitoreaban animando al fugitivo.

El cerretano, que no contaba con la huida de su mono junto con el caballo, se había recogido las faldas con mucha celeridad y dejaba ver unas calzas de varios colores por encima de sus zapatos de contadina, muy por delante del doctor. Y allá se fue la grotesca carrera por el Corso degli Adimari: el caballo con el singular jinete, la contadina con las notables calzas, y el doctor sudoroso y con gafas, con el manto de pieles ondeando al viento.

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