un buen rato llegar al punto emotivo. Pero, como dice aquí Messer Niccolò, el Frate se apodera de la gente por algún poder que va más allá de sus visiones proféticas. Los frailes y monjas que profetizan no son tan raros. Pues, ¿qué dice Luigi Pulci? «La afilada cimitarra de Dombruno tenía fama de estar encantada; pero —dice Luigi—, soy más bien de la opinión de que cortaba con filo porque era de acero fuertemente templado». Sí, sí; los padrenuestros podrán rasurar bien, pero hay que rezarlos sobre una buena navaja.
—¡Mira, Nello! —dijo Maquiavelo—, ¿qué doctor es este que avanza sobre su Bucéfalo? Creía yo que vuestra plaza estaba libre de esos lacayos de la muerte abrigados de pieles y rojas gramallas. Este hombre parece haber tenido alguna de aquellas aventuras nocturnas del maestro Simone de Boccaccio, y tiene el bonete y el manto un tanto encurtidos en la cloaca; aunque él mismo está tan lustroso como la rata de un molinero.