CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 364 de 836
Table of Contents

XXVII. La Joven Esposa

en que el lugar de su padre estaba vacío⁠—ya no había ninguna exigencia apremiante que la separara de Tito; sus jóvenes vidas fluirían en una sola corriente, y su verdadero matrimonio comenzaría.

Pero el sentimiento de algo semejante a la culpa hacia su padre ante una esperanza nacida de su muerte, dio aún más fuerza a la ansiedad con la que meditaba en los medios para cumplir su supremo deseo.

Esa devoción hacia su memoria era toda la expiación que podía hacer ahora por un pensamiento que parecía emparentado con la alegría por su pérdida.

La vida laboriosa y sencilla, pura de ambiciones vulgares y corruptoras, amargada por la frustración de las esperanzas más queridas, confinada al fin en la oscuridad total —una larga época de siembra sin cosecha— había llegado a su fin ahora, y todo lo que quedaba de ella, además de la placa en Santa Croce y el comentario inacabado sobre el texto de Tito, era la colección de manuscritos y antigüedades, fruto de medio siglo de trabajo y frugalidad.

El cumplimiento de la ambición de toda la vida de su padre respecto a esta biblioteca era una obligación sacramental para Romola.

La preciosa reliquia estaba a salvo de los acreedores, pues una vez determinado el déficit para su pago, Bernardo del Nero, aunque distaba mucho de ser de los florentinos más adinerados, había adelantado la suma necesaria de unos mil florines —una gran suma en aquellos días—, aceptando un gravamen sobre la colección como garantía.

—El Estado me lo reembolsará —le había dicho a Romola, restándole importancia al servicio, el cual en realidad le había costado cierta incomodidad—. Si el cardenal encuentra un edificio, como parece indicar que lo hará, nuestra Señoría puede acceder a hacer el resto. No tengo hijos, puedo permitirme el riesgo.

364