toda Florencia, y el castigo lo llevará entre la única gente de Italia que ha sabido cómo manejar sus propios asuntos”.
—Sí, si Soderini se queda el tiempo suficiente en Venecia —dijo Cennini—, es probable que aprenda las costumbres venecianas y las traiga consigo a casa. Los Soderini han sido fieles amigos de los Médici, pero lo ocurrido seguramente le abrirá los ojos a Pagolantonio sobre las ventajas de nuestra vieja maña florentina de elegir un arnés nuevo cuando el viejo nos roza; si es que no hemos perdido del todo esa maña en estos últimos cincuenta años.
—Nosotros no —dijo Niccolò Caparra, que volvía a disfrutar del uso libre de sus labios—. Comer huevos en Cuaresma y la nieve se derretirá. Eso es lo que les digo a los nuestros cuando se alborotan con los vasos en San Gallo y hablan de armar un romor (insurrección): les digo, jamás planeéis un romor; es como intentar llenar el Arno a cubos. Cuando haya agua suficiente, el Arno se llenará, y eso no será hasta que el torrente esté listo.