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XVI. Una broma florentina

«Que cualquier signor acerque esta cajita a sus fosas nasales y hallará un honesto olor a medicamentos⁠—ciertamente no de gemas machacadas, ni de vegetales raros de Oriente, ni de piedras halladas en las entrañas de las aves; pues yo ejerzo sobre las enfermedades del vulgo, para las cuales el cielo ha provisto remedios más baratos y menos potentes según su condición: y hay incluso remedios conocidos por nuestra ciencia que están totalmente exentos de costo⁠—como la nueva tussis, que puede contrarrestarse en los pobres, quienes no pueden pagar por específicos, conteniendo resueltamente la respiración.

Y aquí hay una pasta que es incluso de olor aromático, y es infalible contra la melancolía, al haber sido concoctada bajo la conjunción de Júpiter y Venus; y la he visto calmar los espasmos».

—Deteneos, Maestro —dijo Nello, mientras el doctor tenía el rostro enjabonado vuelto hacia el grupo cerca de la puerta, ofreciendo ávidamente su cajita y sacando un específico tras otro—; ahí viene una contadina llorando con su criatura. Sin duda va en vuestra busca; tal vez sea una ocasión para que demostréis a esta honorable compañía una prueba de vuestra habilidad. ¡Eh, buona donna!

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