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XIII. La sombra de Némesis

decir, mi hermano⁠—fue bautizado con el nombre de Bernardino, en honor a nuestro padrino, pero ahora se hace llamar fray Luca⁠—, había sido trasladado al monasterio de Fiesole porque estaba enfermo. Pero esta mañana llegó un recado para Maso que decía que había regresado a San Marco, y Maso fue a verlo allí. Está muy enfermo y me ha suplicado que vaya a verlo. No puedo negarme, aunque lo considero culpable; aún recuerdo cómo lo quería cuando era una niña pequeña, antes de saber que abandonaría a mi padre. Y tal vez tenga alguna palabra de penitencia que enviarme por mi conducto. Me costó una lucha obrar en contra del sentimiento de mi padre, que siempre he considerado justo. Estoy casi segura de que pensarás que he elegido bien, Tito, porque he notado que tu naturaleza es menos rígida que la mía y nada te enoja; a ti te costaría menos perdonar; aunque, si hubieras visto a tu padre abandonado por aquel a quien había dado su amor principal⁠—por aquel en quien había sembrado su trabajo y sus esperanzas⁠—, abandonado cuando su necesidad era mayor⁠—aun tú, Tito, hallarías difícil perdonar»

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