Y era el amo. Pues al día siguiente, según vimos, cuando estaba a punto de emprender su misión a Roma, tenía el aire de un hombre bien satisfecho con el mundo.
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XXXIX. Una cena en los jardines Rucellai
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Y era el amo. Pues al día siguiente, según vimos, cuando estaba a punto de emprender su misión a Roma, tenía el aire de un hombre bien satisfecho con el mundo.