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XV. El último mensaje

labor. Y desde que vine, Romola, he sentido que fui enviado en parte hacia ti, no para renovar los lazos del afecto terrenal, sino para transmitir la advertencia celestial comunicada en una visión. Pues he tenido esa visión tres veces. Y a lo largo de todos los años transcurridos desde que la voz divina me llamó por primera vez, cuando aún estaba en el mundo, he sido enseñado y guiado por visiones. Pues en la penosa concatenación de nuestros pensamientos de vigilia nunca podemos estar seguros de no haber mezclado nuestro propio error con la luz por la que hemos rezado; pero en las visiones y en los sueños somos pasivos, y nuestras almas son como un instrumento en la mano divina. Por tanto, escucha y no vuelvas a hablar, pues el tiempo es breve.

El espíritu de Romola retrocedió con fuerza ante la idea de escuchar aquella visión. Su indignación había remitido, pero solo porque había sentido cómo la distancia entre su hermano y ella se agrandaba.

Pero mientras fray Luca hablaba, la figura de otro monje había entrado y se hallaba de nuevo al otro lado de la cama, con la capucha echada sobre la cabeza.

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