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XIII. La sombra de Némesis

verlo, será mejor que no le digas que me has encontrado. Él cree que solo he ido a casa de mi prima, porque ella me mandó llamar. Dejé a mi padrino con él: él sabe adónde voy y por qué. ¿Te acuerdas de aquella noche en que se mencionó el nombre de mi hermano y mi padre te habló de él?”.

—Sí —dijo Tito en voz baja.

Había una extraña complicación en su estado mental. Su corazón se encogía ante la probabilidad de que un gran cambio se avecinara en sus perspectivas, mientras que al mismo tiempo sus pensamientos saltaba velozmente sobre un centenar de detalles acerca del rumbo que tomaría cuando el cambio se hubiera producido; y, sin embargo, devolvió la mirada de Romola con la ávida sensación de que tal vez fuera la última vez que ella lo mirara con plena e indiscutible confianza.

«La cugina se había enterado de que él había regresado y la tarde anterior⁠—la tarde de San Giovanni⁠—, según supe después, nuestro buen Maso lo había visto cerca de la puerta de nuestra casa; pero cuando Maso fue a preguntar a San Marco, Dino, es

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