CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 395 de 836
Table of Contents

El secreto del Vengador

habían mirado de cerca durante dieciséis años—, para unos ojos que debían haberlo buscado con la expectativa de hallarlo cambiado, como los hombres buscan al ser querido entre los cadáveres arrojados por las aguas. Había algo diferente en su mirada, pero era una diferencia que no hacía sino volver su reconocimiento aún más estremecedor; pues, ¿no resulta una voz conocida mucho más emocionante cuando se la oye en forma de grito? Pero la duda era una necedad: había sentido que Tito lo reconocía. Extendió la mano y apartó el espejo. Las fuertes corrientes volvían a precipitarse, y las energías del odio y la venganza estaban activas una vez más.

Volvió a emprender el camino hacia Florencia, pero no deseaba entrar en la ciudad hasta el anochecer; así que se apartó del camino real y se sentó junto a un pequeño estanque ensombrecido en un lado por alisos salpicados todavía de hojas amarillas.

Era un calmado día de noviembre, y no bien vio el estanque pensó que su superficie quieta podría ser un espejo para él. Quería contemplarse despacio, como no se había atrevido a hacer en presencia del barbero.

Se sentó en la orilla del estanque e se inclinó hacia delante para mirar fijamente su propia imagen.

¿Había algo errante y grácil en su rostro —algo parecido a lo que sentía en su mente?

Ahora no; no cuando se examinaba a sí mismo con una mirada de ávida indagación; por el contrario, había un propósito intenso en sus ojos. ¿Pero en otras ocasiones? Sí, tenía que ser así: en las largas horas en que llevaba dentro el dolor vago de un pasado olvidado —cuando parecía sentarse en una oscura soledad, visitado por susurros que se apagaban burlonamente mientras él esforzaba el oído para seguirlos, y por formas que parecían acercarse y se desvanecían al estirar la mano para atraparlas—, en esas horas, sin duda, debía de haber una continua frustración y

395