el primer impacto, que había evocado los traidores signos del miedo, ya había pasado, confiaba en estar preparado para todas las emergencias mediante el engaño calculado—y una armadura defensiva.
Era un hecho característico de la experiencia de Tito en aquella crisis que jamás se le ocurriera tomar medidas directas para librarse de Baldassarre. Todas las demás posibilidades pasaron por su mente, incluso la de su propia huida de Florencia; pero nunca pensó en ningún plan para eliminar a su enemigo. Su terror no engendraba ninguna malignidad activa, y todavía se habría alegrado de no causar dolor a ningún mortal. Simplemente había elegido facilitarse la vida—llevar su sino humano, de ser posible, de tal manera que no le apretara por ninguna parte—, y tal elección lo había conducido, en diversos momentos, a situaciones inesperadas. La cuestión ahora no era si debía compartir el peso común del destino con sus sufridos semejantes; se trataba de saber si todos los recursos de la mentira lo salvarían de ser aplastado por las consecuencias de aquella elección habitual.