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VI. Esperanzas al amanecer

tonsor inequalis, sino más bien ser declarado un auténtico chapucero en la lengua vulgar. Así que, con vuestro permiso, Messer Bardo, me despido, quedando bien entendido que estoy a vuestro servicio siempre que Maso requiera de mí. Me parece un milenio el momento de peinar y perfumar el cabello de la damigella, que merece brillar en los cielos como una constelación, aunque de verdad sería una pena que llegara a alejarse tanto.

Tres voces hicieron una fuga de amigables despedidas a Nello, mientras este se retiraba con una reverencia a Romola y un gesto a Tito.

El perspicaz barbero vio que el apuesto joven, que se había ganado su afecto mediante alguna poderosa magia, estaba bien encaminado en el favor de Bardo; y, satisfecho de que su presentación no hubiera fracasado hasta el momento, sintió que lo apropiado era retirarse.

El pequeño brote de ira, provocado por la desafortunada cita de Nello, había desviado la mente de Bardo de los sentimientos que poco antes le impedían continuar hablando, y ahora se dirigió a Tito nuevamente con su calma habitual.

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