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I. El náufrago desconocido

Un agudo y prolongado «¡Psst!» se oyó de repente cruzando la torrencial tormenta de guturales. Venía del hombre pálido con gafas, y produjo el efecto que pretendía; pues el ruido cesó, y todas las ojos del grupo se fijaron en él con una mirada de expectación.

—Bien se dice que los florentinos sois ciegos —comenzó con voz aguda y cortante—; a mi parecer, no os falta más que una dieta de heno para convertiros en bestias. ¡Cómo! ¿Pensáis que la muerte de Lorenzo es el castigo que Dios ha preparado para Florencia? ¡Andad! Sois gorriones gorjeando loas sobre el halcón muerto.

¡Pues no faltaría más! ¡Un hombre que intentaba pasar la soga por el cuello de todos los habitantes de la República para poder apretarla a su antojo!

¡Eso os gusta; os gusta que la elección de vuestros magistrados se convierta en un tejemaneje de gabinete, y que ningún ciudadano ejerza sus derechos a menos que sea un partidario de los Medici! Eso es lo que significa hoy el requisito de elegibilidad: netto di specchio ya no significa que un hombre pague sus impuestos a la República: significa que mirará hacia otro lado ante el robo del dinero del pueblo —ante el robo de las dotes de sus hijas—; que hará de cortesano y de filósofo por turno —escuchará canciones picantes en el Carnaval y gritará «¡Bellissimi!»— y escuchará laudes sagrados y volverá a gritar «¡Bellissimi!».

Pero esto es lo que os gusta: murmuráis y armáis un escándalo por vuestros quattrini bianchi (blancas minucias); pero no os importa nada cuando el tesoro público tiene un agujero en el fondo por el que el oro va a parar a las cloacas de Lorenzo. Os gusta pagar lacayos que caminen delante y detrás de uno de vuestros ciudadanos, para que él pueda ser afable y condescendiente con vosiscotros. «¡Mirad qué alto pisano mantenemos —decís— para que marche ante él con la espada desenvainada brillando ante nuestros ojos!», y sin embargo Lorenzo nos sonríe. ¡Qué bondad!

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