Pero la vergüenza interior, el reflejo de esa ley externa que el gran corazón de la humanidad crea para cada hombre individual, un reflejo que existirá aun en ausencia de los impulsos simpáticos que no necesitan ley, sino que acuden al acto de fidelidad y piedad tan inevitablemente como la madre fiera protege a sus crías del ataque del enemigo hereditario; esa vergüenza interior mostraba sus sonrojos en la resuelta afirmación que Tito se hacía a sí mismo de que su padre había muerto, o de que al menos la búsqueda era inútil.
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IX. El rescate de un hombre
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