Y no puedo menos que considerar la multiplicación de estas producciones charlataneras y licenciosas, aunque estén secundadas por el patrocinio y en cierto grado por el ejemplo del propio Lorenzo, por lo demás amigo del verdadero saber, como una señal de que las gloriosas esperanzas de este siglo han de apagarse en la oscuridad; es más, de que han sido el prólogo engañoso de una edad peor que la de hierro: la edad del oropel y la gasa, en la cual ningún pensamiento tiene la entidad suficiente como para ser moldeado en una forma consistente y duradera.
—Una vez más, perdón —dijo Nello, abriendo las palmas hacia afuera y encogiéndose de hombros—; me encuentro sabiendo tantas cosas en buen toscano antes de tener tiempo de pensar en el latín para ellas; y las rimas de Messer Luigi siempre andan resbalando por los labios de mis clientes: eso es lo que me corrompe. Y, en verdad, hablando de clientes, he dejado mi tienda y mi reputación demasiado tiempo bajo la custodia de mi lento Sandro, que no merece ni siquiera ser llamado un