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XX. El día del esponsal

tener así mi retrato?

“No, fue él quien puso como condición para hacerme este favor que yo le consiguiera permiso para pintarte a ti y a tu padre”.

“¡Ah! Ya veo por lo que diste a cambio tu preciado anillo. Me di cuenta de que tenías algún astuto plan para darme un gusto”.

Tito no pestañeó. Las pequeñas ilusiones que Romola se hacía sobre él hacía tiempo que habían dejado de causarle otra cosa que satisfacción. Se limitó a sonreír y dijo:

«Podría haberme ahorrado mi anillo; Piero no aceptará dinero de mí; se considera pagado con pintarte. Y ahora, mientras yo esté fuera, mirarás todos los días esos bonitos símbolos de nuestra vida en común: el barco en el mar en calma, y la hiedra que nunca se marchita, y esos Amores que han dejado de herirnos y arrojan pétalos suaves que son como nuestros besos; y los leopardos

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