CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 246 de 836
Table of Contents

XVI. Una broma florentina

—Se complace en el deleitoso orgullo de la arrogancia —prorrumpió Cei con amargura—. Lo veo en ese labio altivo y esa mirada satisfecha suyas. Oye el aire lleno de su propio nombre: fray Girolamo Savonarola, de Ferrara; el profeta, el santo, el poderoso predicador que asusta a los propios bebés de Florencia hasta hacerles abandonar sus malvadas naderías.

—Vamos, vamos, Francesco, estás de mal humor de tanto esperar —dijo el conciliador Nello. > —Déjame que te calle la boca con un poco de espuma. No quiero que se enfade mi amigo Cronaca: le tengo aprecio a su barbilla, y su barbilla no ha cambiado en nada desde que se hizo piagnone. Y por mi parte, confieso que, cuando el Frate predicaba en el Duomo el Adviento pasado, cogí tal manía de colarme a escucharle que yo también me habría hecho piagnone, de no habérmelo impedido la naturaleza liberal de mi arte; y también la duración de los sermones, a los que a veces les cuesta

246