inferior prominente, * la diadema de cabello espeso y oscuro sobre la frente, pareciendo todo ello hablar de energía y pasión; estaban los ojos azul grisáceo, brillando apaciblemente bajo pestañas castañas, pareciendo, al igual que las manos, hablar de
Romola se sentía segura de que eran los rasgos de fray Girolamo Savonarola, el prior de San Marco, en quien había pensado principalmente como alguien más ofensivo que los demás frailes porque era más ruidoso.
Su rebeldía se alzaba contra la primera impresión, que casi la había obligado a doblar las rodillas.
“Arrodíllate, hija mía —volvió a decir la voz penetrante—, el orgullo del cuerpo es una barrera contra los dones que purifican el alma.”
La miraba con una leve fijeza mientras hablaba, y de nuevo sintió aquella influencia sutil y misteriosa de una personalidad que les ha sido dada a algunos hombres raros para conmover a sus semejantes.
Lentamente Romola cayó de rodillas, y en el mismo acto la invdió un temblor; al renunciar a su altiva rectitud, su actitud mental pareció cambiar, y se halló en un nuevo estado de pasividad. Su hermano volvió a hablar—
—Romola, en lo más profundo de la noche, mientras yacía despierto, vi el aposento de mi padre —la biblioteca—, con todos los libros, los mármoles y el leggio donde solía pararme a leer; y te vi a ti; se me apareciste tal como te veo ahora, con tus largos y bellos cabellos, sentada ante el sillón de mi padre. Y junto al leggio se hallaba un hombre cuyo rostro no pude ver. Miré y miré, y era para mí un vacío, como una pintura borrada; y lo vi moverse y