luego, además, perdonadme... los florentinos tenemos ideas liberales sobre el discurso, y consideramos que un instrumento capaz de halagar y prometer con tanta habilidad como la lengua debió de ser hecho en parte para esos fines; y que la verdad es un enigma que los ojos y el ingenio deben descubrir, y cuya traición por parte de la lengua equivaldría a arruinar el juego. Aun así, tenemos nuestros límites, más allá de los cuales llamamos traición a la disimulación. Pero se dice de los griegos que su honradez comienza allí donde para nosotros está la horca, y que, desde que las viejas Furias se durmieron, vuestro griego cristiano tiene la conciencia tan holgada que usaría el cadáver de su padre como trampolín”.
El rubor en el rostro del forastero indicó lo que parecía un movimiento de resentimiento tan natural, que el bondadoso Nello se apresuró a expiar su falta de discreción.
—No se ofenda, bel giovane; no hago más que repetir lo que escucho en mi tienda; como podrá notar, mi elocuencia es simplemente la nata que desnato