CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 608 de 836
Table of Contents

XLIX. La pirámide de las vanidades

estantes en las ramas que se ensanchaban y ensanchaban hacia la base hasta alcanzar una circunferencia de ochenta yardas. La Plaza estaba llena de vida: * esbeltas figuras jóvenes, con vestiduras blancas y coronas de olivo en la cabeza, se movían de aquí para allá en torno a la base del árbol piramidal, cargando cestas llenas de cosas de colores vivos; * y formas más maduras, algunas con el hábito monástico, otras con las túnicas sueltas y los gorros rojo oscuro de los artistas, ayudaban e inspeccionaban, o bien se retiraban a varios puntos de la distancia para contemplar el maravilloso conjunto: mientras un grupo considerable, entre el cual Romola reconoció a Piero di Cosimo, de pie sobre los escalones de mármol de la Loggia de Orgagna, parecía mantenerse aparte con descontento

Acercándose más, se detuvo a contemplar los múltiples objetos dispuestos en gradación desde la base hasta la cúspide de la pirámide. Había tapices y brocados de diseño deshonesto, cuadros y esculturas considerados demasiado propicios para incitar al vicio; había tableros y mesas para toda clase de juegos, cartas de naipes junto con los tacos para imprimirlas, dados y otros aperos para el juego; había libros de música mundana e instrumentos musicales en todas las bellas variedades de laúd, tambor, címbalo y trompeta; había antifaces y vestidos de mascarada usados en los viejos espectáculos del Carnaval; había hermosos ejemplares de Ovidio, Boccaccio, Petrarca, Pulci y otros libros de índole vana o impura; había todos los avíos de la vanidad femenina —tarros de colorete, postizos, espejos, perfumes, polvos y velos transparentes destinados a provocar miradas inquisitivas—; por último, en la cumbre misma, se encontraba la efigie poco halagüeña de un mercader veneciano probablemente mítico, de quien se decía que había ofrecido una fuerte suma por aquella colección de abominaciones comercializables, y,

608