—No mucho, Lillo. El mundo no siempre fue muy bondadoso con él, y vio a hombres más viciosos que él ocupar puestos más elevados, porque sabían halagar y decir falsedades. Y luego su querido hijo creyó conveniente abandonarlo y hacerse monje; y después de eso, mi padre, estando ciego y solitario, se sintió incapaz de hacer las cosas que habrían hecho que su saber fuera de mayor utilidad para los hombres, de modo que aún pudiera haber vivido en sus obras después de estar en la tumba.
—No me gustaría esa clase de vida —dijo Lillo—. Me gustaría ser algo que me convirtiera en un gran hombre y, además, muy feliz; algo que no me impidiera disfrutar de una buena cantidad de placeres.
—Eso no es fácil, mi Lillo. Solo una clase mezquina de felicidad podría provenir jamás de importarnos demasiado nuestros propios placeres limitados. Solo podemos alcanzar la felicidad más alta, la misma que acompaña a la grandeza de espíritu, teniendo pensamientos amplios y un profundo sentimiento hacia el resto del mundo tanto como hacia nosotros mismos; y este tipo de felicidad a menudo conlleva tanto dolor, que solo podemos distinguirla del dolor porque es aquello que elegiríamos por encima de todo lo demás, debido a que nuestras almas ven que es bueno. Hay tantas cosas erróneas y difíciles en el mundo, que ningún hombre puede ser grande —apenas puede evitar caer en la maldad— a menos que renuncie a pensar mucho en el placer o las recompensas, y obtenga la fuerza para soportar lo que es duro y doloroso. Mi padre poseía la grandeza que pertenece a la integridad; prefirió la pobreza y la oscuridad antes que la falsedad. Y ahí estaba fray Girolamo —tú sabes por qué considero sagrado el mañana—: él tenía la grandeza que corresponde a una vida consagrada a luchar contra el mal poderoso, y a tratar de elevar a los hombres hacia las acciones más nobles de las que son capaces. Y así, mi Lillo, si pretendes obrar con nobleza y buscas conocer las mejores cosas que Dios ha puesto al alcance de los hombres, debes aprender a fijar tu mente en ese fin, y no en lo que te sucederá a causa de él. Y recuerda, si eligieras algo inferior, y convirtieras en regla de