ocasionales de franceses que llegaban de antemano a elegir sus aposentos, tal vez con un halcón en la muñeca izquierda y, metafóricamente hablando, un trozo de tiza en la mano derecha para marcar con él las puertas italianas; sobre todo porque historiadores dignos de crédito insisten en que muchos hijos de Francia se caracterizaban por entonces por algo cercano a la prepotencia, lo cual debió de haber aguzado el apetito florentino por un poco de lanzamiento de piedras.
Y este era el temple de Florencia en la mañana del 17 de noviembre de 1494.