CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 828 de 836
Table of Contents

LXXII

Pero no por eso la tortura le fue evitada, y cuando estuvo bajo ella se le preguntó por qué había pronunciado aquellas palabras de retractación. Los hombres no eran demonios en aquellos días, y sin embargo, nada que no fueran confesiones de culpabilidad se consideraba motivo para cesar la tortura. La respuesta llegó:

«Lo dije para parecer bueno; no me desgarréis más, os diré la verdad».

Hubo asesores florentinos en este nuevo juicio, y aquellas palabras de doble retractación no tardaron en difundirse. Llenaron a Romola de una incertidumbre consternada.

“Pero”⁠—le cruzó por la mente⁠—, “llegará un momento en que él podrá hablar. Cuando no haya sobre él más temor que el temor a la falsedad, cuando lo lleven a la presencia de la muerte, cuando sea elevado por encima del pueblo y los mire por última vez, no podrán impedirle que diga una última palabra decisiva. Yo estaré allí”.

Tres días después, el 23 de mayo de 1498, había de nuevo una larga y estrecha plataforma que se extendía a lo largo de la gran plaza, desde el Palazzo Vecchio hacia la Tetta de’ Pisani. Pero no había ningún bosquecillo de leña como antes: en su lugar, había una gran pila de leña colocada sobre el área circular que constituía el final de la larga y estrecha plataforma. Y sobre esta pila de leña se alzaba una horca con tres sogas; una horca que, al tener dos brazos, se parecía tanto a una cruz que incomodaba a algunos espectadores, aunque uno de los brazos había sido truncado para evitar el parecido.

En la terraza de mármol del Palazzo había tres tribunales; * uno cerca de la puerta para el obispo, que debía realizar la ceremonia de degradación de fray Girolamo y los dos frailes que iban a sufrir como sus seguidores y

828