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Prólogo

Aun si, en lugar de seguir la débil aurora, nuestra imaginación se detiene en un cierto punto histórico y aguarda la mañana más plena, podremos ver una ciudad de fama mundial, cuyo perfil apenas ha cambiado desde los días de Colón, pareciendo erigirse como un símbolo casi inquebrantable, en medio del fluir de las cosas humanas, para recordarnos que todavía nos parecemos a los hombres del pasado más de lo que nos diferenciamos de ellos, así como los grandes principios mecánicos sobre los cuales se alzaron esas cúpulas y torres deben crear una similitud en la construcción humana que será más amplia y profunda que cualquier cambio posible.

Y sin duda, si el espíritu de un ciudadano florentino, cuyos ojos se cerraron por última vez mientras Colón aún esperaba y discutía por los tres pobres bergantines con los que habría de zarpar del puerto de Palos, pudiera regresar de las sombras y detenerse donde nuestro pensamiento se detiene, creería que aún debe haber camaradería y entendimiento para él entre los herederos de su lugar de nacimiento.

Supongamos que a semejante Sombra se le ha permitido volver a visitar los destellos de la mañana dorada, y se encuentra de nuevo sobre la famosa colina de San Miniato, que domina Florencia desde el sur.

El Espíritu viste su hábito tal como vivió: los pliegues de su bien forrado sayo o lucco de seda negra caen en líneas graves e ininterrumpidas desde el cuello hasta los tobillos; su sencillo gorro de tela, con su becchetto —o larga tira colgante de tela, que servía de bufanda en caso de necesidad—, corona un rostro penetrante, tal vez no muy apuesto, pero de boca firme y bien dibujada, que se mantiene netamente humano por obra de un labio y una barbilla bien rasurados. Es un rostro cargado de recuerdos de una vida intensa y variada transcurrida allá abajo, a las orillas del río brillante; y al contemplar la escena que tiene ante sí, la sensación de familiaridad es mucho mayor que la percepción del cambio, de modo que cree que le sería posible descender una vez más a las calles y retomar aquella atareada vida allí donde la dejó.

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