madre del mal crítico que haya podido encontrar faltas en su ortografía clásica? ¿Se inclinan nuestras mentes más sabias hacia la alianza con el Papa y el Regno, o prestan más bien sus oídos a los oradores de Francia y de Milán?
“Hay conocimiento de estas cosas que se puede hallar en las calles de abajo, sobre los amados marmi frente a las iglesias, y bajo las protectoras Loggie, donde sin duda nuestros ciudadanos aún tienen sus chismes y debates, sus amargas y alegres bromas como antaño. Pues, ¿no están ahí todos los edificios bien recordados? Los cambios no han sido tan grandes en esos años incontables. Iré allá abajo y escucharé; caminaré por el pavimento familiar y escucharé una vez más el habla de los florentinos”.
¡No desciendas, buen Espíritu!, porque los cambios son grandes y el habla de los florentinos sonaría como un enigma en tus oídos. O, si desciendes, no te mezcles con políticos en los marmi, ni en ninguna otra parte; no hagas preguntas sobre el comercio en el Calimara; no te confundas con indagaciones sobre erudición, oficial o monástica. Limítate a mirar la luz del sol y las sombras en los grandes muros que fueron construidos sólidamente y han perdurado en su grandeza; mira los rostros de los niños pequeños, que crean otra luz solar en medio de las sombras de la vejez; mira, si quieres, en el interior de las iglesias, y escucha los mismos cantos, ve las mismas imágenes de antaño: las imágenes de la angustia voluntaria por un gran fin, del amor benéfico y de la gloria ascendente; ve rostros vivos vueltos hacia arriba y labios que se mueven al son de las viejas plegarias pidiendo auxilio. Estas cosas no han cambiado. La luz del sol y las sombras aportan su belleza de siempre y despiertan las antiguas pulsiones del corazón por la mañana, al mediodía y al atardecer; los niños pequeños siguen siendo el símbolo del matrimonio eterno entre el amor y el deber; y los hombres todavía