—Antes al contrario, Sancho; en eso os engañáis —dijo el duque—, porque la caza es más conveniente y necesaria para los reyes y príncipes que para los demás.
- La caza es imagen de la guerra;
- tiene estratagemas, astucias y asechanzas para vencer al enemigo sin peligro;
- en ella se padecen los fríos extremos y los intolerables calores;
- se menosprecia el ocio y el sueño;
- se fortalecen las fuerzas corporales;
- se enduran los miembros del que la usa;
- y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin daño de tercero y con gusto de muchos;
- y lo mejor de todo es que no es para todos, como lo son otros géneros de caza, si no es la cetrería, que también solo a los reyes y grandes señores pertenece.
Así que, Sancho, mudad opinión, y cuando seáis gobernador, daos a la caza, y veréis cómo os vale.
—No —dijo Sancho—; el buen gobernador debe de tener la pierna quebrada y estarse en casa; buena gracia sería que vinieran los curiales a buscarle con trabajos a su negocio, y que él se anduviese por el monte holgándose; ¡bonito iría el gobierno por ese tintero! ¡Voto a tal, señor, que antes la caza y los pasatiempos son para los haraganes que para los gobernadores!; lo que yo pienso entremesejar es a la Truca en las Pascuas, y a los bolos los domingos y días de fiesta, que estas cazas ni son de mi calle ni convienen con mi conciencia.
—Dios quiera que así sea —dijo el duque—; porque del dicho al hecho hay mucho trecho.
—Comoquiera que sea —dijo Sancho—, «más vale buena esperanza que ruin posesión», y «a quien Dios ayuda, bien madruga», y «las tripas