Sin duda fue recibido con algo más que frialdad por ciertos sectores de la comunidad. Los hombres de ingenio, gusto y discernimiento de la aristocracia le dieron una calurosa acogida, pero no era probable que la aristocracia en general saborease un libro que convertía sus lecturas favoritas en objeto de burla y se reía de muchas de sus ideas predilectas. Los dramaturgos que se agruparon en torno a Lope como su líder consideraban a Cervantes como su enemigo común, y es evidente que resultaba igualmente odioso para la otra camarilla, los poetas cultos que tenían a Góngora por jefe. Navarrete, que no sabía nada de la carta antes mencionada, se esfuerza por demostrar que las relaciones entre Cervantes y Lope eran muy amistosas, como de hecho lo fueron hasta que se escribió el Don Quijote. Cervantes, en verdad, hasta el final declaró con generosidad y hombría su admiración por el talento de Lope, su inagotable capacidad de invención y su maravillosa fecundidad; pero en el prólogo de la primera parte del Don Quijote y en los versos de Urganda la Desconocida, y en uno o dos lugares más, hay, si leemos entre líneas, sutiles pullas a las vanidades y afectaciones de Lope que no denotan buena disposición personal; y Lope se burla abiertamente de Don Quijote y de Cervantes,
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Sobre Cervantes y Don Quijote
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