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nydus/Don QuixotePublic
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XLII. Que trata de lo que más pasó en la venta, y de otras muchas cosas dignas de saberse

padre y de sus hermanos que, a no habérmelo contado persona tan verídica como él, le tuviera por patraña de las que cuentan las viejas al amor del fuego en el invierno; porque dijo que su padre había repartido su hacienda entre sus tres hijos y les había dado consejos más sanos que los de Catón. Mas desto le puedo decir, que el suceso que tuvo de irse a la guerra fue con tanta fatiga, que por sus buenos pasos y valentía, y sin ayuda alguna de favor, sino por su propio mérito, subió en pocos años a ser capitán de infantería, y a verse en los términos de ser ya cabo de vara y de rodela; mas la fortuna fue contraria, pues donde más la podía esperar perdióla, y con ella la libertad, en aquel venturoso día donde tantos la cobraron, que fue en la batalla de Lepanto. Yo la perdí en la Goleta, y después, en diversos sucesos, fuimos camaradas en Constantinopla. De allí fue a Argel, donde le sucedió uno de los más extraños casos que jamás le acontecieron a nadie en el mundo.

Aquí pasó el cura a relatar brevemente la aventura de su hermano con Zoraida; a todo lo cual dio el Oidor tan atento oído como jamás le había dado a causa ninguna que hubiese oído.

El cura, sin embargo, solo llegó a contar cómo los franceses robaron a los que iban en la barca, y la pobreza y necesidad en que su compañero y la hermosa mora habían quedado, de los cuales dijo que no había sabido qué se habían hecho, ni si habían llegado a España, o los franceses los habían llevado a Francia.

El capitán, que estaba un poco apartado, escuchaba todo lo que el cura decía y observaba todos los movimientos de su hermano, el cual, en cuanto vio que el cura había acabado su relato, dio un profundo suspiro y dijo con los ojos llenos de lágrimas: > —¡Oh, señor, si supierais qué nuevas me habéis dado y cuán de lleno me tocan, haciéndome mostrar lo que

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