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nydus/Don QuixotePublic
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XLV

le hiciere, que sea algo intrincada y difícil; y por la respuesta de ella toma el pueblo el pulso del ingenio de su nuevo gobernador, y así o se alegra o se entristece con su llegada.

Mientras el mayordomo iba haciendo este discurso, estuvo Sancho mirando unas letras grandes que en la pared que enfrente de su asiento había escritas, y como no sabía leer, preguntó qué era aquello que estaba pintado en la pared.

Respondiéronle: —Señor, allí está escrito y notado el día en que vuestra señoría tomó posesión desta ínsula, y dice el letrtrero: «Hoy, día de tal mes y de tal año, don Sancho Panza tomó posesión desta ínsula; muchos años la gocéis».

—¿Y a quién llaman don Sancho Panza? —preguntó Sancho.

—Señor mío —respondió el mayordomo—, ningún otro Panza, sino el que ahora está sentado en esa silla, ha entrado jamás en esta ínsula.

—Pues bien, mire vuesa merced, hermano —dijo Sancho—, yo no tengo don, ni le ha tenido nadie de mi linaje en todo él; Sancho Panza me llamo a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi abuelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni doñas; y yo me voy figurando que en esta ínsula hay más dones que piedras; pero guárdeme Dios, y quizá, si me dura el gobierno cuatro días, yo podré segar estos dones, que por ser tantos deben de ser tan molestos como los mosquitos. Diga el mayordomo su pregunta, que yo responderé lo mejor que supiere, ora se duelan o no se duelan los pobladores.

En este instante entraron en el juzgado dos hombres ancianos, uno de ellos con una caña a modo de bastón, y el que no llevaba bastón dijo: > «Señor, hace algún tiempo le presté a este buen hombre diez escudos de oro para complacerle y hacerle un

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