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nydus/Don QuixotePublic
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LI

el caso es de importancia y algo difícil—. Digo, pues, que sobre este río había un puente, y al cabo dél una horca y una como casa de audiencia, en la cual solían residir cuatro jueces que juzgaban la ley que el dueño del río, del puente y del señorío había puesto, que era en estos términos: “Si alguno pasare por este puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si mentiere, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”. Sabiida esta ley y la rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en el juramento se echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar libres. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y a otra cosa ninguna. Los jueces tomaron a deliberar sobre el juramento, y dijeron: “Si a este hombre dejamos pasar libre, mintió en su juramento, y por la ley debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre”. Pídese a vuestra merced, señor gobernador, ¿qué harán los jueces de este hombre? Que aún hasta agora están dudosos y suspensos; y, habiendo tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me enviaron a suplicar de su parte que dé su parecer en este tan enmarañado y dudoso

A esto respondió Sancho:

—En verdad que esos señores jueces que a mí me envían bien se pudieran haber ahorrado la fatiga, porque tengo yo más de zoquete que de agudo; pero volved a repetir el caso desde el principio, de modo que yo le alcance a entender, y entonces podrá ser que dé en el hito.

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