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nydus/Don QuixotePublic
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XLVIII

habiendo infinitos años de lo uno a lo otro? ¿O, si la comedia funda su argumento en cosas fingidas, mezclando pedazos de historias donde otros sucedieron, a veces a diferentes personas y tiempos, todo no solamente sin viso de verosimilitud, sino con manifiestos errores de todo punto inexcusables? Y lo peor de todo es que hay ignorantes que dicen que esto es lo perfecto, y que lo demás es buscar nudos en el esparto. ¡Pues qué, si venimos a las comedias divinas!: ¡qué de milagros fingen en ellas!, ¡qué de falsedades e ignorancias mal devotas, atribuyendo a un santo los milagros de otro! Y aun en las humanas se atreven a meter milagros sin más acá ni más allá, sino porque les parece que allí está bien anclada tal transformación o milagro, como ellos llaman, para que atonten a los bobos y los atraigan a la comedia. Todo esto redunda en perjuicio de la verdad y en menoscabo de las historias, y aun en oprobio de los ingenios de España; porque los extranjeros que con mucha puntualidad observan las leyes de la comedia nos tienen por bárbaros e ignorantes, viendo las necedades y disparidades de las que hacemos. Ni sería excusa bastante decir que los príncipes bien ordenados, cuando permiten hacer comedias públicas, no pretenden otra cosa que entretener al pueblo con algún pasatiempo honesto a veces, y apartar aquellos humores que la ociosidad suele engendrar; y que, como esto se alcanza con cualquier comedia, sea buena o mala, no hay para qué poner leyes ni apretar a los que las escriben o representan a que las hagan como debían ser, pues, como digo, con cualquiera se mella el fin que pretenden. A lo cual respondería yo que este mismo fin se alcanzaría muchísimo mejor con las comedias buenas que con las malas; porque el oyente, de oír una comedia artificiosa y bien ordenada, saliera riéndose de los donaires, enseñado de las veras, admirado de los sucesos, discreto con las

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