Yo no quiero salud sin Luscinda; y pues a ella le agrada ser de otro, siendo mía o debiendo serlo, básteme a mí ser de la desdicha, pudiendo ser de la dicha. Ella quiso con su mudanza asegurar mi perdición; yo querré complacer su deseo procurando mi acabamiento; y servirá de ejemplo a los venideros de que solo a mí faltó lo que a los demás infortunados sobra, pues en ellos la imposibilidad del consuelo es parte para consolarse, y en mí es causa de mayores dolores y tormentos, porque pienso que ni aun la muerte los ha de acabar.
Aquí puso fin Cardenio a su larga plática y historia, tan llena de desgracia como de amor; mas el cura se iba a aprestar para decirle algunas palabras de consonamiento, cuando le detuvo una voz que a sus oídos llegó, la cual con melancólicos tonos decía lo que en la cuarta parte desta historia se contará; que en este punto el sabio y atentado historiador Cide Hamete Benengeli puso fin a la tercera.