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nydus/Don QuixotePublic
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XXVI

convenía el entrar; pero les suplicó que le sacasen algo de comer, y que fuese caliente, y también cebada para Rocinante. Dejáronle y entraron, y de allí a poco le sacó el barbero qué comer. Al cabo de un rato, habiendo entre ambos muy bien pensado lo que habían de hacer para conseguir lo que deseaban, el cura dio en un pensamiento muy a propósito para el gusto de don Quijote y para el fin que pretendían; y fue que él se quería topar con el hábito de doncella andante, y que el otro hiciese del escudero lo mejor que pudiese, y que de aquel modo se fuesen adonde don Quijote estaba, y él, fingiéndose doncella doliente y menesterosa, le pidiese un don, el cual él, como valiente caballero andante, no le pudiese negar; y que el don que le pensaba pedir era que se viniese con ella a donde ella le llevaría, a deshacer un agravio que un mal caballero le tenía hecho, pidiéndole con esto que no le mandase quitar la máscara ni le preguntase nada de su hacienda hasta habérselo desagraviado del mal caballero. Y creía sin duda que don Quijote no negaría lo que en tales términos se le pidiese, y que desta manera le sacarían y llevarían a su aldea, donde procurarían de ver si tenía algún remedio su extraña locura.

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