—Pues si es de necesidad que todo caballero andante esté enamorado —dijo el caminante—, bien se puede creer que vuestra merced lo está, pues es de la profesión; y si no hace gala de ser tan recatado como Don Galaor, le suplico de la manera que más pueda, en nombre de toda esta compañía y en el mío, que nos diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama, que ella se tendrá por dichosa de que todo el mundo sepa que es amada y servida de un caballero tal como vuestra merced parece serlo.
At this Don Quixote heaved a deep sigh and said, “I cannot say positively whether my sweet enemy is pleased or not that the world should know I serve her; I can only say in answer to what has been so courteously asked of me, that her name is Dulcinea, her country El Toboso, a village of La Mancha, her rank must be at least that of a princess, since she is my queen and lady, and her beauty superhuman, since all the impossible and fanciful attributes of beauty which the poets apply to their ladies are verified in her; for her hairs are gold, her forehead Elysian fields, her eyebrows rainbows, her eyes suns, her cheeks roses, her lips coral, her teeth pearls, her neck alabaster, her bosom marble, her hands ivory, her fairness snow, and what modesty conceals from sight such, I think and imagine, as rational reflection can only extol, not compare.”
—Quisiéramos saber su linaje, raza y ascendencia —dijo Vivaldo.
A lo cual respondió Don Quijote: —No es de los antiguos Curcios, Caios y Escipiones, ni de los modernos Colonas y Ursinos, ni de los Moncadas y Requesenes de Cataluña, ni menos de los Rebellas y Villanovas de Valencia; Palafoxes, Nuzas, Rocabertis, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas de Aragón; Cerdas, Manriques, Mendozas y Guzmanes de Castilla; Alencastros, Pallas y Meneses de Portugal; sino que es de los del Toboso de la Mancha, linaje que, aunque moderno, puede dar nobleza a los más ilustres de los venideros siglos, y esto no me lo contradiga nadie, sino con aquella condición que puso Zerbino al pie del trofeo de las armas de Orlando, que decía: