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nydus/Don QuixotePublic
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XXVIII. Que trata del extraño y deleitoso acontecimiento que al cura y al barbero sucedió en la misma Sierra

Luscinda. El primero a quien pregunté me dio más respuesta de la que yo quería saber; me mostró la casa y me contó todo lo que en los desposorios de aquella infante hija había sucedido, caso tan notorio en la ciudad, que era comidilla de cuantos corrillos había en las calles. Me dijo que la misma noche que don Fernando se desposó con Luscinda, en cuanto ella dio el «sí» de ser su esposa, le dio un repentino desmayo, y que, llegando el novio a descoforle el pecho para darle aire, halló un papel escrito de mano de la misma Luscinda, en el cual decía y declaraba que no podía ser esposa de don Fernando, porque lo era ya de Cardenio, que era un caballero principal de la misma ciudad, según el hombre dijo; y que si había aceptado a don Fernando, había sido por obediencia a sus padres. En fin, dijo que las palabras del papel daban a entender que ella se quería matar en acabándose el desposorio, y dio las razones de quererse quitar la vida, todo lo cual se confirmó, según decían, con un puñal que le hallaron no sé dónde entre los vestidos. Viendo lo cual don Fernando, creyendo que Luscinda se había burlado, menospreciado y tenido en poco, se arrojó sobre ella antes que le volviese el sentido, y la quiso matar con el mismo puñal que le habían hallado, y lo hubiera efectuado si sus padres y los que allí presentes estaban no se lo estorbaran. Decíase más: que don Fernando se había despedido luego, y que Luscinda no volvió de su desmayo hasta el día siguiente, en el cual confesó a sus padres cómo ella era verdadera esposa del mentado Cardenio. Supe asimismo que Cardenio, según la fama decía, no se había hallado presente al desposorio, y que, de verle desposar contra su opinión, se había salido de la ciudad desesperado, dejada una carta escrita donde mostraba la injuria que Luscinda le había hecho y la voluntad con que se iba a donde jamás ninguna persona le viese. Todo esto fue notorio en toda la ciudad, y todos hablaban de ello, mayormente cuando se supo que Luscinda faltaba de la casa de sus padres y de la ciudad, porque no se parecía por ninguna parte, con notable desconsuelo de sus padres, que no sabían qué diligencias hacer para hallarla. Lo que supe me dio aliento para renovar mis esperanzas, y holguérme de no haber hallado a don Fernando,

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