Dejóse caer, y yo le alcé, y hallé en el pañuelo, en oro y plata de diversas monedas, más de cincuenta escudos, los cuales cincuenta veces más acrecentaron nuestro gozo y doblaron la esperanza de alcanzar la libertad. Aquella misma noche volvió nuestro renegado y dijo que había sabido que el moro de quien nos habían hablado vivía en aquella misma casa, que se llamaba Agí Morato, ricísimo por extremo, que tenía una sola hija, heredera de toda su hacienda, y que era opinión común en toda la ciudad que era la más hermosa mujer de Berbería, y que muchos de los visorreyes que allí habían venido la habían buscado por mujer, y ella jamás se había querido casar; y supo más, que había tenido un cautivo cristiano que ya era muerto; todo lo cual se conformaba con lo que el papel decía. Entramos luego en consejo con el renegado sobre lo que debíamos hacer para sacar a la mora y venirnos todos a tierra de cristianos; y al fin se acordó que por entonces esperásemos a que Zoraida segunda vez nos escribiese (que éste era el nombre de la que ahora se quería llamar María), porque vimos claramente que ella y no otro alguno podía hallar el medio de salir en tantas dificultades. En resolución, de este acuerdo quedamos, y el renegado nos dijo que no tuviésemos pena, que él perdería la vida o nos sacaría en libertad. Cuatro días estuvo el baño lleno de gente, por lo cual la caña tardó cuatro días en parecer; mas al cabo dellos, cuando el baño estuvo como solía, desocupado, se pareció con el pañuelo tan abultado, que prometía un feliz parto. Bajó a mí la caña y el pañuelo, y hallé en él otro papel y cien escudos de oro, sin otra menudencia. Hallóse presente el renegado, y en nuestra celda le dimos a leer el papel, que decía así:
“No se me ocurre ningún plan, señor, para nuestra marcha a España, ni Lela Marien me lo ha mostrado tampoco, a pesar de habérselo pedido. Todo lo que se puede hacer es que yo te dé desde esta ventana abundante dinero en oro. Con él rescástate a ti y a tus amigos, y que uno de vosotros vaya a tierra de cristianos, compre allí una nave y regrese por los demás; y