—Vuestras mercedes bien pueden ver con qué cara puede afirmar este escudero que esto es bacia y no el yelmo que yo os dije, y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo es el mismo mesmo que leité y quité, sin quitarle ni ponerle cosa alguna.
—De eso no hay duda —dijo Sancho—, porque desde que mi amo la ganó hasta ahora no ha tenido sino una batalla con ella, que fue cuando dio libertad a aquella mala gente de la malilla; y si no hubiera sido por esta celada de bacía, no hubiera salido muy bien librado aquella vez, porque fue muy grande la pedrea que en ella hubo.