CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Don QuixotePublic
Página 830 de 1353
Table of Contents

XVI

de caballerías aún no han entrado por las puertas de mi calle; soy más dado a leer los profanos que los devotos, con tal que sean de honesto entretenimiento, que deleiten con el estilo y encanten y muevan con la invención, puesto que de estos hay pocos en España. Como a veces con mis vecinos y amigos, y muchas veces los convido; mis convites son limpios y bien aderezados, y no de poco en todo. No gusto de oír chismes, ni consiento que se me chismee; no atisbo las vidas ajenas, ni soy lince en las acciones de los otros. Oigo misa cada día; reparto de mis bienes con los pobres, sin hacer ostentación de las buenas obras, porque no se me entren en el corazón la hipocresía y la vanagloria, enemigas que sutilmente se apoderan del corazón más prevenido; procuro poner en paz a los que sé que están atinados; soy devoto de Nuestra Señora, y tengo puesta toda mi esperanza en la misericordia infinita de Dios nuestro

Sancho escuchó con la mayor atención el relato de la vida y ocupación del caballero; y, pareciéndole que era vida buena y santa, y que el que la usaba debía de hacer milagros, se apeó de Rocinante —wait, del rucio— y, corriendo con presteza, le asió del estribo derecho y le besó el pie una y muchas vez con corazón devoto y casi con lágrimas.

Al ver esto, el caballero le preguntó: «¿Qué haces, hermano? ¿A qué vienen estos besos?».

—Déjeme besarle —dijo Sancho—, porque me parece que vuestra merced es el primer santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida.

—No soy ningún santo —respondió el caballero—, sino un gran pecador; pero usted sí lo es, hermano, pues ha de ser una buena persona, como lo demuestra su sencillez.

830