fin, cómo y cómo no, juntáronse, y debajo de palabra de ser su esposo la ha burlado a mi hija y no se la quiere cumplir. Y aunque el señor duque lo sabe (porque yo me le he quejado, no una, sino muchas y diversas veces, y le he suplicado mandase al labrador que se casase con mi hija), ataja los oídos y mal apenas me quiere escuchar; y la causa es porque, como el engañador es tan rico y le presta dineros, y le sale por fiador a cada paso de sus débitos, no le quiere descontentar ni enojar en ninguna manera. Agora, señor, quiero que vuestra merced tome a su cargo el deshacer este agravio, o por ruegos o por armas; pues según todo el mundo dice, vuestra merced nació en él para desfacer agravios y enderezar tuertos y socorrer a los afligidos. Póngase vuestra merced en los ojos la orfandad de mi hija, su mocedad y todas las perfecciones que he dicho que tiene; que ante Dios y en mi conciencia, que de cuantas doncellas tiene mi señora no hay ninguna que llegue a la suela de sus zapatos, y la que llaman Altisidora, y la tienen por la más entremetida y briosísima dellas, puesta en competencia con mi
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