Digo, señor de mi alma, que no os espantéis de que hasta agora no os haya enviado aviso de cómo me va, si bien o mal, en este gobierno, en el cual padezco más hambre que cuando los dos íbamos andando por los bosques y desiertos. > > Mi señor el duque me escribió el otro día avisándome que se habían entrado ciertos espías en esta ínsula para matarme; pero hasta agora no he descubierto ninguno, sino a cierto médico que tiene salario en esta villa para matar a todos los gobernadores que a ella vienen; llámase el doctor Pedro Recio, y es de Tirteafuera; ¡mirad qué nombre para hacerme temer la muerte a sus manos! Este tal doctor dice de sí que él no cura las enfermedades cuando las hay, sino que las previene para que no vengan, y las medicinas que usa son dieta y más dieta, hasta poner los huesos en el pellejo; como si el ser delgado no fuese peor que la calentura. > > En fin, él me va matando de hambre, y yo me voy muriendo de rabia; que cuando pensé que vine a este gobierno a comer caliente y beber frío, y a holgarme entre sábanas de holanda sobre camas de plumas, he venido a hacer penitencia como ermitaño; y como no la hago de mi voluntad, creo que al cabo me ha de llevar el diablo. > > Hasta agora no he tocado derecho ni tomado cohecho, y no sé qué pensarme dello; porque aquí me han dicho que los gobernadores que a esta ínsula vienen, antes de entrar en ella, o les dan o prestan los del pueblo mucho dinero, y que esta es costumbre ordinaria, no solo aquí, sino
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