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nydus/Don QuixotePublic
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V. En la que se prosigue la aventura de nuestro caballero

tal estado!

Lo llevaron a la cama inmediatamente, y tras buscarle las heridas no pudieron hallar ninguna, pero él decía que todas eran magulladuras por haber tenido una fuerte caída con su caballo Rocinante al entrar en combate con diez gigantes, los más grandes y atrevidos que se podían hallar sobre la tierra.

—¡Toma, toma! —dijo el cura—. ¿Hay gigantes en la danza? ¡Válgame la cruz, que los he de quemar mañana antes que el día sea acabado!

Le hicieron a don Quijote una gran cantidad de preguntas, pero a todas su única respuesta fue que le diesen de comer y lo dejasen dormir, pues eso era lo que más necesitaba. Así lo hicieron, y el cura interrogó largamente al labrador acerca de cómo había encontrado a don Quijote. Se lo contó todo, así como los disparates que había dicho al ser hallado y durante el camino a casa, lo cual aumentó las ganas del licenciado de hacer lo que hizo al día siguiente, que fue llamar a su amigo el barbero, maese Nicolás, e ir con él a la casa de don Quijote.

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