El ama se opuso, pero al fin hubo de consentir por su propio bien; y el cura se lo llevó a su casa muy de buena gana, para tener ocasión de preguntarle a sus anchas acerca de Don Quijote y de sus hazañas.
El bachiler se ofreció a escribirle las cartas de respuesta a Teresa; mas ella no quiso que se metiese en sus cosas, porque le tenía por algo burlón; y así, le dio a un acólito mancebo que sabía escribir un bollito y un par de huevos, y él le escribió dos cartas, una para su marido y otra para la duquesa, dictadas de su propia cabeza, que no son las peores que van encajadas en esta gran historia, como se verá más adelante.