verdad que desde aquel tiempo a este ningún inglés haya matado cuervo alguno? Pues en tiempo de este buen rey se instituyó aquella famosa orden de caballería de los Caballeros de la Tabla Redonda, y sucedieron los amores de don Lancelot del Lago con la reina Ginebra, siendo alcahueta y consorte dellos aquella tan honrada señora Quintañona, de donde nació aquel tan sabido romance y tan cantado por nuestra España—
“Oh, jamás sin duda hubo caballero Tan servido por mano de dama, Como fue servido el tal Lanzarote llamado Cuando de Bretaña vino—
“con todo el dulce y deleitable curso de sus amorosos y belicosos fechos.
Transimitida, pues, desde aquel tiempo acá, fue esta orden de caballería extendiéndose y dilatándose por muchas y diversas partes del mundo; y en ella fueron famosos y esclarecidos por sus fechos el gran Amadís de Gaula, con todos sus hijos y nietos hasta la quinta generación, y el valiente Felixmarte de Hircania, y el nunca como se debe alabado Tirante el Blanco, y casi en nuestros días habemos visto y oído y platicado con el invencible caballero don Belianis de Grecia.
Esto, pues, señores, es ser caballero andante, y lo que he dicho es la orden de su caballería, de la cual, como ya he dicho, estoy yo, pecador, profeso, y lo que profesaron los dichos caballeros eso mismo profeso yo; y así voy por estas soledades y despoblados buscando las aventuras, con determinación de ofrecer mi brazo y mi persona al mayor peligro que la fortuna fuere servida de ofrecerme, en socorro de los flacos y menesterosos”.
Por estas palabras suyas pudieron los caminantes cerciorarse de la falta de juicio de don Quijote y del género de locura que le dominaba, de lo cual sintieron la misma admiración que todos sentían al principio de