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nydus/Don QuixotePublic
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XXII. De la libertad que dio Don Quixote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no

decir, en una palabra, que este señor va de alcahuete, y por tener además un cierto toque de hechicero.

—Si ese toque no se le hubiera añadido —dijo don Quijote—, no mereciera, por solo el oficio de alcagüete, ir a remar a las galeras, sino a mandarlas y ser por general dellas; porque el oficio de alcagüete no es de los ordinarios, sino de personas discretas, y muy necesario en la república bien ordenada, y que no le deben ejercer sino personas de buen nacimiento; antes había de haber veedor y examinador dellos, como lo hay de los demás oficios, con número conocido, como corredores de la lonja; y desta manera se excusarían muchos males que se causan por andar este oficio y ejercicio entre gente tonta e ignorante, cuales son mujercillas de poco más a menos, y pajes y burladores de poca edad y poca experiencia, que a los mayores necesitados, y cuando es menester la industria del ingenio, se les caen las migas entre la boca y la camisa, y no saben cuál es su mano derecha.

Quisiera pasar adelante y dar razones por qué convenía que hobiese personas que tuviesen el tal oficio en la república, mas no es este lugar a propósito para ello; algún día lo diré a quien lo pueda ver y remediar; solo digo ahora que la añadidura de ser hechicero me ha quitado la pena que tenía de ver estas canas y este venerable rostro en tan penoso estado por la causa de la alcahuetería; aunque bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan forzar y compelir la voluntad, como algunos simples creen, porque es libre nuestro albedrío, y no hay hierba ni encanto que le force. Lo que suelen hacer algunas mujercillas y hechiceros de buhonería es volver locos a los hombres con brebajes y venenos, dando a entender que tienen fuerza para hacer bien querer, siendo cosa imposible forzar la voluntad.

—Es verdad —dijo el buen viejo—; y verdaderamente, señor, que del delito de hechicería no fui culpable; del de alcahuete, no lo puedo negar; mas nunca pensé que hacía mal en ello, porque mi única intención era

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