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สารบัญ

VIII. De la buena sucesos que el valeroso don Quijote tuvo en la espantosa y jamás pensada aventura de los molinos de viento,

acordaba de ninguna de las promesas que su amo le había hecho, ni tenía por trabajo, sino por descanso, el andar buscando aventuras, por peligrosas que fuesen.

Finalmente pasaron la noche entre unos árboles, de uno de los cuales despojó don Quijote una rama seca que le sirviese a modo de lanza, y en ella puso el hierro que había quitado de la rota.

Toda aquella noche pasó don Quijote sin dormir, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros, que tantas noches en las selvas y desiertos pasaban los caballeros sin dormir, a solas apoyados en la memoria de sus señoras.

No lo pasó así Sancho Panza, que, por tener el estómago lleno, y no de agua de achicoria, de un sueño se la pasó toda; y si su amo no le llamara, no fueran capaces de despertarle ni los rayos del sol que le daban en el rostro, ni los cantos de las aves, que muchos y alegres la venida del nuevo día saludaban.

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