por ser su criado, y porque la mucha negligencia procedía más de malicia que de simpleza; a lo cual dixo este muchacho: "Señor, no me azota sino porque le pido mi salario". El amo respondió no sé qué razones y arengas, las cuales, aunque yo las oí, no las admití. En resolución, le hice desatar al villano y jurar de llevársele consigo y pagársele real a real, y aún sahueso. ¿No es verdad todo esto, Andrés, hijo mío? ¿No advertiste con qué autoridad se lo mandé, y con qué humildad prometió de hacer todo lo que yo le impuse, tasé y mandé? Responde sin vacilar; di a estos señores lo que pasó, porque vean y consideren cuán bien está que haya caballeros andantes por el
—Todo lo que vuestra merced ha dicho es muy verdad —respondió el muchacho—; pero el fin del negocio salió tan al revés de lo que vuestra merced piensa.
—¡Cómo! ¿Lo contrario? —dijo don Quijote—; ¿luego no te pagó el villano?
—No solo no me pagó —respondió el muchacho—, sino que, tan pronto como vuestra merced pasó de largo por el bosque y nos quedamos solos, me volvió a atar