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nydus/Don QuixotePublic
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LXX

usaandaanda... que en el infierno se usa randas; y pues ella sabe hacerlas, no se le salgan de las manos; que en tanto que se ocupa en menear los mundillos, no se menearán en su imaginación la imagen o imágenes de lo que bien quiere: esta es la verdad, este es mi parecer y este es mi consejo».

—Y el mío —añadió Sancho—; que jamás en todos los días de mi vida he visto hacendera que haya muerto de amores; porque las mozas, cuando trabajan, antes tienen la mente en acabar su labor que en pensar en sus amores. A mí bien me lo muestran a la clara; que cuando cavo, no me acuerdo de mi vieja, digo, de mi Teresa Panza, que la quiero más que a las niñas de mis ojos.

—Bien dices, Sancho —dijo la duquesa—, y yo haré de modo que mi Altisidora se ocupe desde aquí adelante en hacer algo de aguja, que es muy perita en ello.

—No hay para qué recurrir a ese remedio, señora —dijo Altisidora—; que el solo pensamiento de la crueldad con que este vagamundo villano me ha tratado bastará para borrarme de la memoria, sin otro artificio ninguno; y, con licencia de vuestra alteza, me retiraré, por no tener delante de los ojos, no digo yo su facha endiablada, sino su abominable y fea catadura.

—Eso me recuerda al dicho popular de que «el que injuria está dispuesto a perdonar» —dijo el duque.

Altisidora entonces, fingiendo secarse las lágrimas con un pañuelo, hizo una reverencia a sus señores y salió del aposento.

—¡Mala suerte te dé Dios, pobre doncella —dijo Sancho—, mala suerte te dé Dios! Has dado con un alma más seca que un esparto y con un corazón más duro que una encina; a haber sido por mí, ¡a fe que «otro gallo te cantara»!

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