espaldas. > > Aquí te envío un vestido verde de caza que me dio mi señora la duquesa; adáptalo para que sirva de sayas y corpiño a nuestra hija. Don Quixote, mi amo, a lo que oigo decir por aquí, es un loco de atar y un gracioso tonto, y yo no le voy a la zaga. Hemos estado en la cueva de Montesinos, y el sabio Merlín me ha tomado a su cargo para el desencanto de Dulcinea del Toboso, la que por allá se llama Aldonza Lorenzo. > > Con tres mil y trescientos azotes, menos cinco, que me tengo de dar, quedará tan desencantada como la madre que la parió. No digas esto a nadie; que encomienda tus negocios al público, y unos dirán que son blancos y otros que son negros. Yo saldré d’aquí a pocos días para mi gobierno, a donde voy con grandísimo deseo de hacer dineros, porque me dicen que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo; le tomaré el pulso y te avisaré si has de venir a vivir conmigo o no. > > Rucio está bueno y te envuelve muchos recuerdos; no le voy a dejar aunque me lleven por fuerza a ser Gran Turco. Mi señora la duquesa te besa las manos mil veces; tú corrégelo con dos mil, que, como dice mi amo, ninguna cosa cuesta menos ni es más barata que la cortesía. No ha sido servido Dios de depararme otra maleta con otros cien escudos como la d’el otro día; pero no te des a partido, mi Teresa, que a buen salteador, buen guardador, y todo saldrá en la lavada del gobierno; solo me aflige una cosa que me dicen: que, después de gustado, me he de comer las manos tras él; y si así es, no me costará muy barato, aunque, a la verdad, los mancos tienen su beneficio en la limosina que piden; de modo que, a tu torcida o a tu derecha, has de ser rica y venturosa. Dios te la dé como puede,
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