de todos los que entran a gobernar. > > Anoche, andando la ronda, topé a una doncella hermosa en hábito de hombre, y a un hermano suyo vestido a lo de mujer; de la moza se ha enamorado mi maestresala, y la tiene por suya en su imaginación, según él dice, y yo he tomado al mancebo por yerno; hoy hemos de ir a hablar al padre de entrambos, que es un tal Diego de la Llana, hidalgo y cristiano viejo cuanto más fuere menester. > > He visitado las plazas, como vuestra merced me aconseja, y ayer hallé a una Fulanera vendedora de nueces nuevas, y probé que había mezclado con un fanega de nueces nuevas otra fanega de viejas, vacías y podridas; hice las abichuelas para los niños de la doctrina, que bien las sabrán conocer, y condené a que no pudiese entrar en la plaza en quince días; dijéronme que lo hice gallardamente. Sabe Dios que es fama común en este pueblo que no hay gente peor que las mujeres del mercado, porque todas son descaradas, deshonestas y deslenguadas, y bien lo encubren con lo que yo he visto dellas en otros lugares. > > Háceme mucha merced la señora duquesa en escribir a mi mujer Teresa Panza y en enviarle el presente que vuestra merced dice, y yo procuraré mostrarme agradecido cuando sea tiempo; bésesela las manos de mi parte, y dígale que yo digo que no lo ha echado en saco roto, como al cabo lo verá. No querría que vuestra merced tuviese diferencias con mi señor y señora; porque si usted se aparta dellos, claro está que ha de redundar en mi daño; y pues me da consejo que sea agradecido, no estará bien que vuestra merced no lo sea con quien tantas mercedes le ha hecho, y de quien ha sido tan regalado en su castillo. > > Eso de lo del rascar no lo
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