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nydus/Don QuixotePublic
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VI

persas, griegos y bárbaros, todos estos linajes y señoríos han venido a rematar en punta y a ser nada, así ellos como sus fundadores, porque no fuera posible hoy hallar ninguno de su descendencia, y, aunque le hallásemos, fuera en bajada y humilde estado. De los linajes plebeyos no tengo qué decir, sino que solo sirven para engrosar el número de los que viven, sin merecer otra eminencia ni fama que esta. De todo lo que he dicho quiero que saquéis, mis pobres inocentes, una gran confusión entre los linajes, y que aquellos solos se muestran grandes e ilustres que lo manifiestan con la virtud, la riqueza y la liberalidad de sus dueños. He dicho virtud, riqueza y liberalidad, porque el hombre grande que fuere vicioso será grande ejemplo de vicio, y el rico que no fuere liberal no será sino mendigo avariento, pues la posesión de las riquezas no está en el poseellas, sino en el gastarlas, y no en el gastar como se antojare, sino en saberlas gastar bien. El hidalgo pobre no tiene otro camino para mostrar que es hidalgo sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés, blando y oficioso, y no soberbio, arrogante ni censorio, pero, sobre todo, siendo caritativo; que con dos maravedís que dé al pobre con un alegre rostro, mostrará ser tan liberal como el que da la limosna con toque de campanas, y no habrá ninguno que, viéndole adornado de las virtudes que he dicho, aunque no le conozca, deje de juzgarle y tenerle por de buena sangre; y fuera maravilla si no fuera así; la alabanza siempre fue premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados. Dos caminos hay, hijas, por donde pueden los hombres llegar a las riquezas y a los honores: el uno es el de las letras, el otro, el de las armas. Yo tengo más de armas que de letras en mi condición, y, por la inclinación que tengo a las armas, nací, según parece, bajo la influencia del planeta Marte; y así, soy forzado a seguir aquel camino, y por él tengo de ir a pesar de todo el mundo, y en vano os cansáis en persuadirme a que resista a lo que el cielo quiere, el hado destina, la razón pide y, sobre todo, mi inclinación desea; que sabiendo como sé los innumerables trabajos que son anejos a la andante caballería, sé también los infinitos bienes que se alcanzan con ella; sé que el sendero de la virtud es muy estrecho, y el

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